De Aristóteles a la escena moderna
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La Poética de Aristóteles, un tratado sobre la tragedia del siglo IV a. C., cita Edipo rey de Sófocles más a menudo que cualquier otra obra. Séneca compuso una tragedia latina sobre la misma historia en el siglo I d. C. Dramaturgos franceses e ingleses la reelaboraron entre los siglos XVII y XVIII, y se representó en griego y traducida en el XIX. En el siglo XX fue retomada por los textos psicoanalíticos, la ópera, el drama y el cine.
La recepción de la obra está documentada en diversas clases de fuentes: el texto crítico antiguo y la adaptación latina, las obras impresas de comienzos de la Edad Moderna, testimonios de representaciones y la explicación de Freud en La interpretación de los sueños.
La Poética de Aristóteles sobre la obra
La Poética menciona la obra en los capítulos 11, 13, 14, 15, 16 y 24. En el capítulo 11 es el ejemplo de peripecia (peripeteia): el hombre que llega para tranquilizar a Edipo y librarlo de la inquietud respecto a su madre desvela quiénes son sus progenitores y cambia por completo la situación. En la obra, el mensajero corintio se entera del temor de Edipo hacia Mérope y le comunica que Pólibo no era su padre. Aristóteles añade que una anagnórisis (anagnōrisis) resulta más eficaz cuando coincide con una peripecia, y cita de nuevo el Edipo. En el capítulo 16, el reconocimiento de la obra es el de mejor clase, porque nace de los propios incidentes y no necesita señas externas.
El capítulo 13 describe la mejor trama trágica como la caída de la dicha a la desdicha de un hombre que no destaca por su virtud y justicia, y que cae por algún error (hamartia, traducido a menudo por «defecto» o «error trágico») y no por maldad. Edipo figura entre tales hombres de alta alcurnia. La obra lo presenta como el hombre a quien el sacerdote califica de primero entre los mortales, y el Coro lamenta su ruina en el cuarto estásimo y otra vez en los versos finales. En el capítulo 14, Aristóteles señala que cualquiera que simplemente escuche la historia de Edipo se estremece y siente piedad, de modo que el efecto no depende del espectáculo. La obra relata el abandono del niño, la muerte de Layo y el fin de Yocasta mediante la narración. El capítulo 14 incluye también a Edipo entre aquellos que actúan en la ignorancia y descubren el parentesco a posteriori, y sitúa tales actos por debajo del caso en que la anagnórisis llega a tiempo para evitar la acción.
En el capítulo 15, Aristóteles dice que todo lo inexplicable debe quedar fuera de la tragedia, y pone el Edipo de Sófocles como ejemplo. El capítulo 24 lo concreta en el hecho de que Edipo ignore cómo murió Layo. En la obra, Edipo no conoce a Layo sino por rumores, pregunta dónde y cómo murió, se entera por Creonte de que un hombre escapó y habló de salteadores, e inquiere si se llevó a cabo alguna pesquisa. Yocasta, su esposa durante muchos años, le cuenta por primera vez el oráculo dado a Layo en el transcurso de la acción.
El capítulo 6 define la tragedia como aquello que efectúa, mediante la compasión y el temor, la catarsis (katharsis) de tales emociones; Fyfe traduce el término por «alivio» («relief»). Otros traductores emplean «purgación» o «purificación», y su sentido sigue siendo objeto de debate.
El Edipo de Séneca
Lucio Anneo Séneca (fallecido en 65 d. C.), el filósofo estoico y estadista romano, escribió un Edipo en latín de unos 1.060 versos, más breve que los 1.530 versos de la pieza griega. La obra de Séneca mantiene la secuencia principal de la trama de Sófocles. Creonte refiere el oráculo y se dice que Layo fue asesinado en una encrucijada donde se cruzan tres caminos, en Fócide. Edipo discute con Creonte y lo acusa de conspirar con el adivino. Un anciano corintio anuncia la muerte de Pólibo y los tobillos perforados de Edipo revelan su identidad. El pastor tebano se resiste a hablar y es forzado a ello. En ambas obras, Edipo se ciega y Yocasta muere.
Los cambios son considerables. El Edipo de Séneca expone el oráculo a solas consigo mismo en el parlamento inicial, mientras que en Sófocles se lo cuenta a Yocasta en el segundo episodio. Tiresias no nombra al homicida de inmediato, como hace en OT 362 y 449–460. Él y su hija Manto interpretan los signos de un sacrificio. Creonte narra entonces un rito nigromántico en un bosque sagrado en el que la sombra de Layo acusa a Edipo. Yocasta está presente en la primera escena, instando a la entereza. Tras la ceguera provocada, que el Edipo de Séneca consuma con sus propios dedos, ella se enfrenta a él y se clava la espada en el vientre en escena. En Sófocles sale corriendo de escena en el tercer episodio y un mensajero refiere cómo se ahorcó y el uso de sus broches para cegar a Edipo. El Edipo de Séneca marcha a un destierro voluntario, llevándose consigo la peste. En Sófocles, Creonte aguarda el designio de Apolo sobre el destierro.
Los cantos corales también discrepan. El segundo canto de Séneca es un himno a Baco que no guarda relación con la acción, punto que destaca F. J. Miller en su cotejo escena por escena. El tercer canto emplea la leyenda de Ícaro como advertencia frente al peligro de elevarse en exceso.
Versiones en francés e inglés y montajes del siglo XIX
Tres obras sobre este argumento dominaron los escenarios europeos entre los siglos XVII y XVIII. Las tres pertenecen a autores renombrados, las tres incorporan una trama secundaria con nuevos personajes y en todas ellas el pastor se llama Fórbas, siguiendo a Séneca. Voltaire justificó la subtrama en sus cartas sobre su propio Œdipe, aduciendo que el argumento no bastaría para llenar una tragedia moderna en cinco actos y que los comediantes rechazarían una obra sin amor. El prólogo de Dryden a su propia versión la considera una convención y sugiere que el proceder griego quizá fuera más natural.
En lo tocante a mostrar al rey ciego sobre las tablas, las versiones difieren. Corneille y Voltaire transmiten la ceguera como narración, mientras que Dryden la exhibe.
Dos montajes de 1881, en Harvard y en París, quedaron registrados por testigos presenciales, sobre todo en la crónica de Henry Norman sobre la representación de Harvard, donde reseña asimismo el nuevo montaje francés en el Théâtre Français.
El dramaturgo francés Pierre Corneille (1606–1684) escribió Œdipe a instancias de su mecenas, el superintendente Nicolas Fouquet, a quien está dedicada, tras el fracaso de Pertharite. Se estrenó en enero de 1659. La obra añade los amores de Teseo por Dirce, hija de Layo. Tiresias no figura en escena y la sombra de Layo, invocada por él, es referida por una dama de compañía, Nérine. En una escena relatada, el pastor se suicida con un puñal y Yocasta se lo arrebata para darse muerte a su vez. Cuando Edipo se ciega, la peste concluye.
El poeta John Dryden (1631–1700) y el dramaturgo Nathaniel Lee (c. 1653–1692) escribieron Oedipus en colaboración; se estrenó en 1678 y se publicó en 1679. El reparto exacto de la redacción entre ambos poetas sigue siendo incierto. La trama secundaria gira en torno a Eurídice, hija de Layo, y Adrasto, rey de Argos, mientras que Creonte se convierte en un conspirador maquiavélico. Como en Séneca, es el fantasma de Layo y no Tiresias quien denuncia a Edipo, y Dryden introduce al espectro en escena. En el último acto, Creonte apuñala a Eurídice, Adrasto mata a Creonte y es abatido por los guardias de este, Yocasta se quita la vida junto con sus hijos y Edipo se arroja desde una ventana. El prefacio de Dryden afirma: «Sófocles es admirable en todo momento; y por ello lo hemos seguido tan fielmente como nos ha sido posible».
El escritor francés Voltaire (1694–1778) redactó Œdipe en su juventud y fue estrenada en París en 1718. Se representó cuarenta y cinco veces seguidas en 1718. La trama secundaria versa sobre Filoctetes, antiguo prometido de Yocasta, que regresa a Tebas y resulta acusado de la muerte de Layo. El personaje desaparece de la acción tras el tercer acto, en el cual Tiresias denuncia a Edipo. El encuentro del cuarto acto entre Edipo e Yocasta sigue el modelo griego, pero Edipo recuerda un presagio en un templo en lugar del agravio durante el banquete. El sumo sacerdote relata la ceguera e Yocasta se apuñala sobre el escenario. En una carta al jesuita Porée, Voltaire señala que echó a perder la pieza para contentar a los cómicos parisinos, quienes no concebían un Edipo desprovisto de amores.
En mayo de 1881, miembros de la Universidad de Harvard escenificaron la obra en griego en el Sanders Theatre, con música de John Knowles Paine. El relato de Henry Norman An Account of the Harvard Greek Play (Boston, 1882) recoge que el Edipo cegado salió «con el rostro lívido desfigurado por manchas de sangre». El propio Norman encarnó a Creonte. Norman consigna que unas seis mil personas asistieron a la función y que «escucharon conteniendo el aliento y se marcharon en silencio».
En el otoño de 1881 la obra se repuso en el Théâtre Français, sede de la Comédie-Française en París, en traducción francesa y con el actor Jean Mounet-Sully (1841–1916) en el papel de Edipo. La traducción era de Jules Lacroix, estrenada allí en 1858.
Freud y el «complejo de Edipo»
Sigmund Freud (1856–1939), el neurólogo vienés creador del psicoanálisis, menciona a Edipo por primera vez en una carta dirigida a Wilhelm Fliess el 15 de octubre de 1897. Desarrolla la tesis en el capítulo V de La interpretación de los sueños (Die Traumdeutung, publicada en noviembre de 1899 y fechada en 1900).
En la traducción de A. A. Brill (1913), Freud sintetiza la leyenda y el argumento de la obra, de la que destaca que su revelación progresiva y demorada guarda semejanza con el trabajo analítico. Descarta que el efecto dramático descanse en el conflicto entre los designios divinos y la resistencia del hombre. Sostiene en cambio que conmueve a los espectadores modernos porque el relato materializa un deseo infantil, el impulso sexual inicial hacia la madre y la hostilidad hacia el padre, de suerte que Edipo encarna «el cumplimiento de los deseos de nuestra infancia». Apunta como clara alusión del texto a este sustrato onírico las palabras de Yocasta acerca de cuántos hombres han soñado con unirse carnalmente a sus madres. A su juicio, el sueño incestuoso con la madre constituye la clave de la tragedia, unido al sueño de la muerte paterna.
Freud empleó la denominación «complejo de Edipo» (Ödipuskomplex) a partir de 1910 aproximadamente, y se convirtió en un concepto central de la teoría psicoanalítica. Ha sido rebatido. El antropólogo Bronisław Malinowski cuestionó su universalidad en Sexo y represión en la sociedad salvaje (1927). El helenista Jean-Pierre Vernant sostuvo en «Edipo sin complejo» (1967) que las preocupaciones de la tragedia distan de las que le imputa la lectura psicoanalítica.
La escena contemporánea y las pantallas
Las adaptaciones del siglo XX se apartan a menudo de la estructura concebida por Sófocles. Cuatro de ellas cuentan con abundante documentación.
El compositor ruso Igor Stravinsky (1882–1971) concibió Oedipus Rex a modo de ópera-oratorio en dos actos. El libreto es obra de Jean Cocteau a partir de Sófocles, vertido al latín por Jean Daniélou, y cuenta con un narrador que interviene en la lengua del auditorio. Se estrenó en versión de concierto en París el 30 de mayo de 1927 y se representó en la Ópera Estatal de Viena el 23 de febrero de 1928.
El escritor francés Jean Cocteau (1889–1963) compuso La Machine infernale («La máquina infernal») en cuatro actos. Se representó por primera vez en París en abril de 1934. Uno de los actos dramatiza el careo con la Esfinge, que la pieza griega únicamente evoca en retrospectiva.
El poeta Ted Hughes preparó una recreación en inglés del Edipo de Séneca, puesta en escena por el National Theatre en el Old Vic en 1968, dirigida por Peter Hall, con John Gielgud en el papel de Edipo e Irene Worth en el de Yocasta.
El cineasta italiano Pier Paolo Pasolini (1922–1975) rodó Edipo re, película inspirada en la tragedia, con Franco Citti como Edipo y Silvana Mangano encarnando a Yocasta. Incluye un prólogo y un epílogo situados en la Italia contemporánea.
Libros

Oedipus
- Para: Lectores generales
- Formato: Adaptación en verso para la escena