La guía completa para leer a Sófocles

Atenas y el teatro

Sófocles (c. 496–406 a. C.), el poeta trágico ateniense, compuso Edipo rey para la escena de Atenas, pero la acción transcurre en Tebas, una ciudad de Beocia en la Grecia central. La obra nombra lugares de Beocia, Fócide, Corinto y el Peloponeso. Algunos de ellos aún fueron visitados y descritos en el siglo II d. C. por el autor de viajes Pausanias, cuya Descripción de Grecia constituye el testimonio antiguo más detallado que se conserva sobre ellos.

La tragedia se representó por primera vez en las Grandes Dionisias, la festividad ateniense de Dioniso, en el Teatro de Dioniso situado al pie de la Acrópolis. Los datos sobre su fecha son indirectos. La noticia antigua de que fue derrotada por Filocles procede de una única nota erudita. La Poética de Aristóteles proporciona el relato del siglo IV sobre los actores y las partes constitutivas de una tragedia.

Lugares de la obra

Tebas

Ciudad de Beocia y escenario de la obra. A sus gentes se las llama hijos y pueblo de Cadmo, el fundador legendario. El sacerdote de Zeus menciona las plazas, los dos templos de Palas y el lugar «donde Ismeno responde mediante fuego», el santuario oracular de Apolo junto al arroyo tebano Ismeno. El coro sitúa a Ártemis en su trono «sobre el cerco de nuestro ágora» (161). La Esfinge, cuyo enigma atenazó a la ciudad antes de la llegada de Edipo, se nombra en el prólogo y Edipo la recuerda en su enfrentamiento con Tiresias. Pausanias ubica el monte desde el cual hacía incursiones la Esfinge más allá de Tebas y ofrece dos explicaciones sobre ella: en una, es una pirata que desembarcó en Antedón y fue derrotada por Edipo con un ejército traído de Corinto; en la otra, es una hija natural de Layo que conocía un oráculo entregado a Cadmo. La obra dramática no da el nombre del monte ni precisa el punto exacto donde se apostaba la Esfinge.

Delfos (Pito)

El oráculo de Apolo en Fócide. La obra lo designa como la morada pítica de Febo, la áurea Pito, la peña délfica y el «santuario central de la Tierra» (480). A él es enviado Creonte en el prólogo. Este refiere que Layo partió de Tebas para acudir a Delfos y no regresó jamás. Edipo afirma que acudió allí a espaldas de sus padres corintios. Pausanias refiere la tradición según la cual el oráculo perteneció primero a Gea y luego a Temis, quien se lo cedió a Apolo, y cita la Eumolpia a propósito de una posesión compartida entre Gea y Poseidón. Da cuenta de cinco templos de Apolo sucesivos, el último de ellos edificado por los anfictiones con Espíntaro de Corinto como arquitecto. Describe la ascensión al Parnaso a través de Daúlide como más larga pero más fácil que la que parte de Delfos.

Fócide y la encrucijada de tres caminos

Yocasta refiere que Layo fue asesinado «donde se juntan tres caminos» (716). Explica que la comarca es Fócide y que a ese punto conducen rutas procedentes de Delfos y de Daulia. Sigue después el relato del propio Edipo sobre aquel encuentro, y en su lamento final apostrofa a los tres caminos, a la cañada y al estrecho paso. Yocasta indica que la comitiva constaba de cinco personas, con un heraldo y un único carruaje. Pausanias llama al paraje el Camino Hendido, la vía en la que Edipo dio muerte a su padre. Refiere que las tumbas de Layo y del criado que lo acompañaba se levantaban en mitad de la encrucijada de tres caminos bajo montones de piedras sin labrar, y añade que, según se decía, Damasístrato, rey de Platea, fue quien dio sepultura a los cuerpos. Pausanias habla de la tumba de un solo criado, mientras que la tragedia cuenta cuatro acompañantes.

Daulia

Población de Fócide, mencionada por Yocasta como uno de los lugares desde donde parten caminos que van a dar al sitio donde murió Layo. Pausanias la denomina Daúlide y la sitúa a veintisiete estadios de Panopeo. Describe a sus habitantes como escasos en número, pero insuperables entre los focidios en corpulencia y fuerza. Plantea dos posibles orígenes del nombre: a partir de una ninfa Daúlide o bien del término antiguo daula, que denota un terreno agreste y boscoso. Vincula la ciudad con el mito de Tereo. Estrabón señala que Daúlide es la forma homérica y Daulia la más tardía.

Corinto

La ciudad del istmo donde reinaban Pólibo y Mérope. Edipo declara que sus progenitores son Pólibo de Corinto y «la doria Mérope» (774–775), y cuenta que abandonó Corinto tras la respuesta délfica. El mensajero corintio anuncia que el pueblo proclamará a Edipo rey de la «tierra del istmo» (939–940). A continuación revela que Pólibo no era su padre. Pausanias señala Corinto y el istmo como el escenario de la crianza de Edipo.

Monte Citerón

Macizo montañoso que separa Beocia del Ática, próximo a Tebas. Tiresias vaticina que todo el Citerón resonará con los gritos de Edipo. El mensajero de Corinto cuenta que halló a la criatura en «las tortuosas cañadas del Citerón» (1026). El pastor tebano cita el Citerón entre sus pastizales. Su trato abarcó allí tres semestres, «de la primavera a Arturo» (1133–1139). En el tercer estásimo el coro invoca la montaña como tierra nutricia de Edipo. En el éxodo, Edipo se pregunta por qué lo acogió y suplica que se le permita vivir allí, ya que sus padres habían dispuesto que fuese su sepultura. Pausanias cuenta que Edipo fue abandonado en el Citerón, en territorio de Platea, con los tobillos traspasados por aguijones.

Abas

Población de Fócide. En el segundo estásimo, el coro afirma que ya no acudirá «al templo de Abas ni a Olimpia» si los oráculos no se cumplen. Pausanias cuenta que Abas estaba consagrada a Apolo desde época remota y poseía un oráculo del dios. Las huestes de Jerjes incendiaron el santuario. Los griegos resolvieron no reedificar los recintos quemados para que sirvieran de recordatorio, y más tarde Roma concedió a Abas un régimen de autonomía en señal de reverencia hacia Apolo.

Olimpia

El santuario de Zeus en la Élide, en el Peloponeso, sede de los Juegos Olímpicos. Se nombra junto a Abas en el segundo estásimo, donde el coro vincula el crédito de los oráculos de Apolo con la devoción que se tributa en tales santuarios.

Otros lugares mencionados

El coro llama a Apolo el sanador delio, por ser la isla de Delos su lugar de nacimiento. Pide asimismo en sus plegarias que el dios de la peste sea arrojado a las «olas tracias» (197) y habla de Ártemis en las colinas licias. En el tercer estásimo menciona al «señor de Cilene», Hermes, y a las ninfas del Helicón, la montaña beocia de las Musas. El mensajero segundo dice que ni el Istro (el bajo Danubio) ni el Fasis (río de la Cólquide en el mar Negro) podrían limpiar la casa de Lábdaco.

La primera representación

La tragedia ateniense se representaba en certámenes organizados durante las festividades de Dioniso, sobre todo en las Grandes Dionisias, celebradas en primavera. Cada uno de los poetas que competían presentaba tres tragedias y un drama satírico. Pausanias sitúa el santuario más antiguo de Dioniso cerca del teatro, con dos templos y estatuas de Dioniso Eleutereo. Señala asimismo que los atenienses levantaron estatuas de poetas en el recinto teatral, entre las cuales figuraban Eurípides y Sófocles como los dos trágicos más insignes. La edificación de piedra conservada en la actualidad data en su mayor parte del siglo IV a. C., fecha posterior a la época de Sófocles.

Ningún testimonio antiguo consigna el año ni la festividad concreta del estreno. Muchos especialistas posteriores lo sitúan en la década del 420 a. C., en parte por la epidemia que aparece en la trama. La descripción del contagio que hace Tucídides deja constancia del brote en Atenas durante el segundo año de la guerra, junto con el verso oracular «Vendrá la guerra doria y con ella la muerte» (2.54.2). Dicho vínculo no pasa de ser una hipótesis: el retrato de la peste en la obra es muy sucinto.

La noticia de una derrota proviene de la hipótesis o argumento en prosa que encabeza la tragedia, según la cual Sófocles fue vencido por Filocles, apoyándose en la autoridad de Dicearco. Suele identificarse a dicho Dicearco con el peripatético Dicearco de Mesana, discípulo de Aristóteles activo hacia el 300 a. C. Se sabe que Filocles era sobrino de Esquilo, aunque apenas se conserva nada de su producción. El rétor Arístides observa con ironía que Filocles alcanzó un honor que le fue negado a su tío. La hipótesis no cita los títulos de las piezas en concurso ni el año del certamen.

Puesta en escena

La Poética de Aristóteles refiere que Esquilo aumentó de uno a dos el número de actores y que Sófocles introdujo el tercer actor y la escenografía. La obra cuenta con ocho personajes con voz además del coro: el sacerdote de Zeus, Edipo, Creonte, Tiresias, Yocasta, el mensajero de Corinto, el pastor y el mensajero segundo. Por tanto, los papeles se distribuían entre tres actores. Las hijas de corta edad, Antígona e Ismene, así como el lazarillo que guía a Tiresias, son personajes mudos. Las acotaciones escénicas que figuran en las traducciones impresas son añadidos de los editores.

La acción transcurre ante el palacio real, cuyas puertas sirven de entrada y salida a los personajes. En los altares se sientan suplicantes provistos de ramas guarnecidas de lana. Edipo se retira al interior del palacio al término del primer episodio, y Yocasta entra precipitadamente en él durante el tercero. Creonte se presenta coronado de laurel, mientras que Yocasta porta una rama ornada y aromas sagrados. El acto de arrancarse los ojos es narrado por el mensajero segundo. En ese momento se descorren los cerrojos de las puertas y Edipo aparece a la vista del coro. A las niñas se las hace salir y se las oye llorar antes de verlas.

El coro está integrado por ancianos tebanos, a los que se interpela como «príncipes de esta tierra» (911) y «ancianos» (1110). La Poética de Aristóteles clasifica las partes constitutivas de la tragedia en prólogo, episodio, éxodo y canto coral; este último se divide a su vez en párodo y estásimo, con el kommos como canto fúnebre compartido entre el coro y los actores de la escena. La tragedia comprende una párodo, cuatro estásimos y dos pasajes de lamento compartido. Fuentes posteriores fijan en quince el número de coreutas en la tragedia.

Los intérpretes llevaban máscaras. En el diálogo Menipo de Luciano se alude al actor que se despoja de su atuendo y de la máscara al concluir la representación. Arriano, citado en el Florilegio de Estobeo, menciona al actor Polo encarnando tanto a Edipo rey como al desvalido Edipo en Colono.