La guía completa para leer a Sófocles

Glosario de términos clave

Edipo rey es una tragedia de Sófocles, el poeta trágico ateniense del siglo V a. C. También se la conoce por su título latino, Oedipus Tyrannus.

Los términos técnicos se dividen en tres grupos: las partes formales de una tragedia griega, las convenciones del teatro ateniense y las nociones religiosas y jurídicas de las que depende la trama. Los términos griegos se presentan transliterados y en cursiva. Los números de verso corresponden al texto griego.

Partes de una tragedia

Los nombres de las partes de una tragedia griega proceden en gran medida de la Poética de Aristóteles.

Prólogo (prologos)

En la Poética de Aristóteles, toda la parte de una tragedia que precede al primer canto del coro. En Edipo rey abarca los versos 1–150. Edipo, rey de Tebas, se dirige a un grupo de suplicantes, y el sacerdote de Zeus describe la peste y la desolación de la tierra, los rebaños y las mujeres. Creonte, a quien Edipo llama hermano de su esposa, refiere la respuesta de Apolo traída de Delfos: debe expulsarse algo contaminante y castigarse a los asesinos de Layo, el antiguo rey. Edipo promete entonces dar con ellos.

Párodo

En la Poética de Aristóteles, la primera intervención completa del coro; la palabra griega es parodos, «entrada». En Edipo rey comprende los versos 151–215, cantados por el Coro. Es un lamento por la peste y una plegaria a los dioses. El Coro invoca a Atenea, Ártemis y Febo Apolo, luego a Zeus, de nuevo a Apolo y Ártemis, y por último a Baco.

Episodio (epeisodion)

En la Poética de Aristóteles, toda la parte de una tragedia situada entre cantos corales completos. Es la sección en la que hablan los actores. La obra consta de cuatro episodios: 216–462, 513–862, 911–1085 y 1110–1185. En el primero, Edipo proclama una maldición contra el asesino desconocido de Layo, y el adivino Tiresias acaba denunciando al propio Edipo. En el segundo, Creonte se defiende, Yocasta, esposa de Edipo y viuda de Layo, pone fin a la disputa, y Edipo se entera del lugar donde murió Layo. En el tercero, un mensajero de Corinto comunica la muerte de Pólibo, el rey corintio que crio a Edipo, y revela que Pólibo y Mérope no eran los padres de Edipo. En el cuarto, traen al pastor tebano y le arrancan la verdad.

Estásimo

Oda coral cantada una vez que el coro ya ha entrado; el término griego stasimon significa literalmente «(canto) estacionario». La obra cuenta con cuatro: 463–512, 863–910, 1086–1109 y 1186–1222. El primero presagia el destino del asesino desconocido sin querer dar crédito a la acusación no probada del adivino. El segundo es una plegaria contra la arrogancia y la impiedad. El tercero vaticina que Edipo resultará ser originario de la región. El cuarto se lamenta por la caída del rey.

Commo (kommos)

En la Poética de Aristóteles, un canto de duelo compartido entre el coro y los actores; la palabra griega es kommos. La obra contiene dos. El primero, en los versos 649–697, se halla dentro del segundo episodio, en la disputa entre Edipo y Creonte en la que también intervienen el Coro e Yocasta. El segundo, en 1297–1368, forma parte del éxodo. Tiene lugar tras la entrada de Edipo ya cegado por su propia mano, que se lamenta alternando con el Coro.

Éxodo

En la Poética de Aristóteles, toda la parte de una tragedia tras la cual no hay ningún otro canto coral; la palabra griega es exodos, «salida». En Edipo rey abarca los versos 1223–1530. Un segundo mensajero anuncia que Yocasta se ha ahorcado y que Edipo se ha herido los ojos. Conducen a Edipo hacia el exterior y este pide ser desterrado de la tierra; Creonte responde que debe decidirlo el dios. Le traen a sus hijas Antígona e Ismene. El Coro pronuncia los versos finales, que dicen que a nadie de raza mortal se le debe llamar dichoso hasta que haya cruzado el término de la vida libre de dolor.

Estrofa y antístrofa (strophē, antistrophē)

Las palabras griegas son strophē, «giro», y antistrophē, «contragiro». Designan los pares de estrofas de una oda coral, que se corresponden mutuamente en su esquema métrico.

Términos del teatro

Las tragedias se representaban en Atenas durante las fiestas en honor a Dioniso. Los términos de este grupo designan a las personas y los espacios de esa representación en lo que atañe a Edipo rey.

Coro (choros)

El choros era el grupo de cantantes y danzantes que interpretaba las odas. En Edipo rey lo compone un coro de ancianos tebanos. Canta la párodo y los cuatro estásimos. También interviene en los episodios: en el primero le dice a Edipo que no es el homicida ni puede darle su nombre, y señala que tanto Edipo como Tiresias han hablado movidos por la ira. En el éxodo, el Coro anuncia la entrada de Creonte. El Coro pronuncia las palabras finales de la tragedia.

Orquesta (orchēstra)

La orchēstra, a partir de un verbo griego que significa danzar, era la zona abierta del teatro ateniense donde el coro cantaba y danzaba, situada frente al edificio escénico. La obra alude a la danza coral en el segundo estásimo, donde el Coro se pregunta, si las acciones impías reciben honores, «¿por qué habríamos de participar en la danza sagrada?».

Eskené (skēnē)

La skēnē, literalmente «tienda» o «choza», era el edificio escénico situado al fondo del espacio de actuación. En Edipo rey representa el palacio de Edipo; en el tercer episodio el Coro le indica al mensajero corintio: «Esta es su morada». Edipo entra en el palacio al término del primer episodio, Yocasta se precipita en él en el tercero y Edipo corre a su interior al final del cuarto. Edipo sale de él, ya ciego, en el éxodo. Los sucesos ocurridos dentro del palacio los relata un mensajero.

Protagonista (prōtagōnistēs)

El prōtagōnistēs era el «primer actor», que asumía el papel principal de una tragedia. La Poética de Aristóteles afirma que Sófocles introdujo al tercer actor. El protagonista de Edipo rey es Edipo. El actor Polo de Egina, del siglo IV a. C., se hizo célebre en este papel: Arriano, citado en el Florilegio de Estobeo, menciona que interpretó tanto Edipo rey como Edipo en Colono.

Esticomitia

La esticomitia es el diálogo verso a verso alternado, del griego stichos, «verso», y mythos, «discurso» o «palabra». Entre los ejemplos de la obra figuran los intercambios entre Edipo y Tiresias, entre Edipo y Creonte, y entre Edipo y el mensajero corintio. En 625–630 y 1173–1176 los versos sueltos se dividen entre ambos interlocutores.

Nociones religiosas y jurídicas

La trama descansa sobre nociones griegas relativas a la comunicación divina, la mancha ritual, su purificación y los castigos del destierro y la maldición.

Oráculo (chrēsmos)

Un chrēsmos es la respuesta dada por una divinidad a través de un santuario oracular. El santuario principal de la obra es el de Apolo en Delfos, llamado Pito en la poesía; la tragedia también denomina al dios Febo y Loxias. La obra se refiere a tres oráculos. El primero es la respuesta que trae Creonte, según la cual la impureza de Tebas debe eliminarse castigando a los asesinos de Layo. El segundo es el oráculo entregado a Layo de que moriría a manos de su hijo, relato que refiere Yocasta. El tercero es la respuesta que recibió Edipo en Delfos: que deshonraría el lecho de su madre y daría muerte a su padre. Yocasta menciona el oráculo dado a Layo para desacreditar el arte de los adivinos, y vuelve a hacerlo tras conocer la noticia de la muerte de Pólibo. En el segundo estásimo, el Coro afirma que no volverá a frecuentar los santuarios si los oráculos no coinciden con los hechos. Tiresias, el adivino ciego de Tebas, se declara servidor de Loxias. Al final, Creonte dice que desea consultar al dios qué debe hacerse con Edipo.

Miasma (miasma)

El miasma es la impureza ritual, contraída sobre todo mediante el derramamiento de sangre y concebida como un contagio que afecta a la comunidad entera en torno al individuo marcado. Creonte refiere que Apolo ordena a los tebanos expulsar «una impureza contaminante» albergada en el país, y señala el derramamiento de sangre como la causa de la tempestad que azota la ciudad. En su proclama, Edipo prohíbe que nadie dé cobijo al asesino, comparta con él oraciones o sacrificios, o le permita tomar parte en el rito lustral. Tiresias llama a Edipo «el profanador maldito de esta tierra» (350–353). Más adelante, Edipo afirma que mancilla el lecho del difunto con las mismas manos con las que este pereció. Ruega al Coro que se le acerque sin temor, pues su calamidad no puede recaer sobre ningún otro mortal. Creonte pide a los servidores que no muestren «semejante impureza» a la luz, a la lluvia o a la tierra.

Suplicación (hiketeia)

La hiketeia es el acto del suplicante (hiketēs), que se acerca a un altar, a un dios o a una persona, a menudo portando ramas con ínfulas de lana, para implorar protección o auxilio. La obra da comienzo con suplicantes tebanos junto a los altares de Edipo, con ramas guarnecidas, y Edipo los invita a levantarse y alzar los ramos de súplica. En 326–327, Edipo y el Coro suplican a Tiresias de rodillas. Yocasta refiere que el criado superviviente de Layo le suplicó, posando su mano sobre la de ella, que lo enviara a los pastos. Ella misma acude como suplicante ante Apolo con un ramo coronado e incienso.

Purificación (katharmos)

El katharmos es la expiación o limpieza de una mancha ritual. Edipo pregunta mediante qué rito puede purificarse la ciudad. Creonte responde que expulsando a un hombre o expiando sangre con sangre. En su proclama, Edipo señala que los tebanos tenían el deber de no dejar la culpa «sin purificar» (216–275), y prohíbe que nadie participe con el homicida en el rito de las aguas lustrales. Yocasta ruega a Apolo para que les conceda «algún remedio que los libre de la impureza» (911–923). Por último, Edipo pide que lo oculten fuera de esta tierra y declara que su calamidad no puede descansar en ningún otro mortal aparte de él.

Destierro (phygē)

La phygē es la huida o el destierro de la propia patria. Creonte señala el destierro de un hombre como una vía para atajar la impureza, y Edipo a su vez promete a quien se denuncie a sí mismo que no sufrirá más daño que el de salir del país indemne. Edipo repite la disyuntiva de dar muerte a los asesinos o enviarlos al exilio cuando habla con Tiresias. Durante la disputa, Edipo declara que desea la muerte de Creonte, no su destierro. Tras descubrirse la verdad, Edipo pide a Creonte que lo arroje fuera, a un paraje donde ningún mortal le dirija la palabra. Creonte contesta que antes desea averiguar el mandato del dios, y más adelante añade que el dios habrá de conceder lo que Edipo solicita. Edipo pide retirarse a las laderas del Citerón. El Edipo de Séneca concluye con su exilio voluntario; en otras versiones son sus hijos o Creonte quienes lo expulsan.

Maldición (ara)

La ara es una plegaria y, muy en particular, una súplica de desgracia o daño: una maldición. En el primer episodio, Edipo pronuncia una solemne maldición contra el homicida desconocido de Layo y contra cualquiera que le dé cobijo, e implora el mismo destino para sí si el asesino llega a compartir su propio techo. Tiresias advierte que el «doble azote» de la maldición de su madre y de su padre arrojará a Edipo de esta tierra. Creonte jura que perezca maldito si ha tramado nada contra Edipo. Cuando Yocasta describe el paraje de la muerte de Layo, Edipo teme haberse arrojado a sí mismo bajo una terrible maldición sin saberlo. Más tarde señala que esa maldición no brotó de labios ajenos, sino de los suyos propios. En el poema épico de la Tebaida y en Los siete contra Tebas de Esquilo, la maldición que Edipo lanza contra sus hijos es un elemento central. La obra en sí no escenifica ninguna maldición de Edipo sobre sus hijos.

Destino y poder divino (daimōn)

Daimōn es el vocablo griego para un poder divino, y también para la suerte o el destino que tal poder asigna. En las traducciones suele verterse de diversos modos: como «un poder cruel superior al hombre» cuando Edipo examina si su ruina fue enviada por una fuerza semejante, como «un hado que me advierte» en el cuarto estásimo, como «un poder superior al hombre» que guio a Edipo hacia la estancia de Yocasta, y como «Destino» en su lamento tras cegarse. Yocasta expresa otro parecer: que los decretos de la Fortuna son supremos y que lo más acertado es vivir al azar.